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Terra
La Coctelera

Categoría: Cuentos y relatos

APRENDE A ESCRIBIR TUS HERIDAS EN LA ARENA Y GRABAR EN PIEDRA TUS VENTURAS.

Cuenta una historia que dos amigos iban caminando por el desierto.

En algún punto del viaje comenzaron a discutir, y un amigo le dio una bofetada al otro.

Lastimado, pero sin decir nada, escribió en la arena:

"MI MEJOR AMIGO ME DIO HOY UNA BOFETADA."


Siguieron caminando hasta que encontraron un oasis, donde decidieron bañarse

El amigo que había sido abofeteado comenzó a ahogarse, pero su amigo lo salvó.

Después de recuperarse, escribió en una piedra:

“MI MEJOR AMIGO HOY SALVO MI VIDA."

El amigo que había abofeteado y salvado a su mejor amigo preguntó: "Cuando

te lastimé escribiste en la arena y ahora lo haces en una piedra. ¿Porqué?"

El otro amigo le respondió: "cuando alguien nos lastima debemos escribirlo

en la arena donde los vientos del perdón puedan borrarlo.

Pero cuando alguien hace algo bueno por nosotros, debemos grabarlo en piedra donde

ningún viento pueda borrarlo."

APRENDE A ESCRIBIR TUS HERIDAS EN LA ARENA Y GRABAR EN PIEDRA TUS VENTURAS.

Zeus, Prometeo, Atenas y Momo.

Zeus hizo un toro, Prometeo un hombre, Atenea una casa, y llamaron a Momo como juez.

Momo, celoso de sus obras, empezó a decir que Zeus había cometido un error al no colocar los ojos del toro en los cuemos, a fin de que pudiera ver dónde hería, y Prometeo otro al no suspender el corazón del hombre fuera de su pecho para que la maldad no estuviera escondida y todos pudieran ver lo que hay en el espíritu. En cuanto a Atenea, que debía haber colocado su casa sobre ruedas, con objeto de que si un malvado se instalaba en la vecindad, sus moradores pudieran trasladarse fácilmente.

Zeus, indignado por su envidia, arrojó a Momo del Olimpo.

Cualquier obra que se haga, por más perfecta que parezca, siempre alguien encontrará alguna razón para criticarla. Así que nunca nos desanimemos por lo que juzguen de nuestras obras; nunca faltará quien le encuentre defectos.

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La envidia no es buena consejera.

El camello y Zeus.

Sentía el camello envidia por los cuernos del toro, y quiso obtener los suyos propios. Para esto fue a ver a Zeus, pidiéndole le regalara a él unos semejantes. Pero Zeus, indignado de que no se contentara de su gran tamaño y fuerza, no sólo le negó el darle los cuernos, sino que además le cortó una parte de las orejas.

La envidia no es buena consejera. Cuando quieras mejorar en algo, hazlo con tu esfuerzo y por tu deseo de progresar, no porque tu vecino lo tenga.

Zeus y las abejas.

Envidiosas las abejas a causa de la miel que les arrebataban los hombres, fueron en busca de Zeus y le suplicaron que les diera fuerza bastante para matar con las punzadas de su aguijón a los que se acercaran a sus panales.

Zeus, indignado al verlas envidiosas, las condenó a perder su dardo cuantas veces hirieran a alguno y a morir ellas mismas después.

La envidia no es buena consejera, más bien nos puede llevar a perder lo que ya poseemos.

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EL Hojalatero que venció al Diablo

Este es un Cuento celta, que me he encontrando por ahi dando tumbos por la red....

EL Hojalatero que venció al Diablo

En Limerick, vivía un hojalatero que, como todos los de su profesión, era pobre y por lo tanto estaba obligado a vagar por todo el país recogiendo quincalla que después reparaba. Sin embargo, Jack, tenía una casa con un jardín y en el jardín un manzano que era su orgullo. Cuando salía de viaje, siempre le pedía a su mujer que cuidara la casa, el jardín y por supuesto el manzano.

Un día, en un camino muy lejos de su hogar, Jack vió a un hombre distinguido que venía en sentido opuesto. Al cruzarlo, se sacó el sombrero y lo saludó con respeto. El hombre, complacido pr la actitud de Jack, le dijo:

-Te concedo tres deseos. Pide lo que quieras, no tengo ningún problema en darte lo que pidas.

Jack, sorprendido, se quedó mirándolo. Luego se sacó el sombrero, se rascó la cabeza y dijo:

-En casa tengo un sillón muy viejo. Cuando alguien me visita, se lo cedo y no tengo otro remedio que quedarme de pie.Quiero que, de ahora en adelante, todo el que se siente en mi sillón se quede adherido a él y que el sillón se quede pegado al suelo.

-¿Para qué quieres eso?-preguntó el hombre.

-Para que nadie pueda levantarse mientras yo no lo permita -dijo Jack.

-Concedido -dijo el hombre y, pensando que Jack era un poco tonto, agregó -Trata de pedirme algo útil.

Jack volvió a rascarse la cabeza y luego dijo:

-En mi jardín tengo un manzano. Es un árbol generoso que da hermosos frutos.Pero siempre hay algún bribón que pasa y me roba las manzanas. Entonces quiero que todo aquel que trate de robarme una manzana del arbol se quede adherido a la fruta hasta que yo decida liberarlo.

-Concedido -dijo el hombre, ya dando por seguro que Jack era muy tonto, y agregó- Ahora es el turno de tu último deseo. Trata de pensar en algo que te sirva, algo que sea de veras útil para tí y los tuyos.

Jack se tomó la barbilla con la mano derecha y con la izquierda se rascó una oreja , luego dijo:

-Mi mujer tiene una bolsa de cuero.Allí guarda los restos de la lana que le sobran.Pero siempre hay algún bribón que le roba la bolsa y le da puentapiés como a un balón. Es una pena porque se derrocha la lana...

-¿Y entonces? -dijo el hombre algo impaciente.

-Entonces quiero que todo lo que entre en la bolsa no pueda salir mientras yo no lo permita.

-Concedido -dijo el hombre.Pero creo, pobre amigo, que no has pedido bien.

El hombre saludó a Jack y se marchó meneando la cabeza. Jack, por su parte, volvió a su casa muy feliz y tan pobre como antes.

Pasó el tiempo y Jack tuvo un accidente que lo dejó postrado en su lecho por un año.Un día en que compartían lo que los vecinos caritativos les habían alcanzado, alguien llamó a la puerta. Era un desconocido, alto y elegante que, sin presentarse, entró y dijo:

-Ya veo que son muy pbres y tienen hambre. Estoy dispuesto a ayudarlos con una condición.

¿Cuál? - pregunto Jack.

-Te daré todo tipo de riquezas, pero dentro de siete años deberás venir conmigo.

-Es usted generoso, señor.¿Quén es usted?

-¿No adivinas? -dijo el hombre. Soy el diablo.

La mujer de Jack se santiguó muda de espanto, pero Jack dijo:

-No me importa quien sea. Acepto su oferta.

El diablo entonces se fue y Jack se convirtió en un hombre rico. En su casa nunca faltaba la comida.Y ya no tenía que salir a recojer basura.

Jack se olvídó del diablo y de la promesa, y como suele suceder en estos casos, los siete años pasaron volando.

Pero el último día del último año, el diablo llamó a la puerta y apareció ante Jack.

-Ya pasó tu tiempo -dijo. Cumplí con mi palabra y deberás cumplir con la tuya. Ahora vendrás conmigo.

-Empeñé mi palabra e iré con usted-dijo Jack.Sin embargo, quisiera pedirle que me deje despedirme de mi esposa. ¿Por qué no me espera sentado en ese sillón?-No tardaré mucho.

El diablo se sentó y esperó unos minutos.Jack no demoró.

-Vamos -dijo.

Pero el diablo no pudo levantarse. Lanzó un alarido que se oyó en todo el pueblo y siguió adherido al sillón.Al final, rojo de rabia, le dijo a Jack:

-Te daré el doble de lo que te di y catorce años para que disfrutes tus riquezas, pero déjame ir.

-De acuerdo -dijo Jack. Levántese y váyase.

El diablo huyó tan rápido como pudo y Jack empezó a disfrutar de su fortuna.Pero los catorce años pasaron veloces y el diablo volvió a hacerse presente.

-Basta de trucos. Ahora vendrás conmigo.Vamos, prepárate y salgamos.

-Estoy listo -dijo Jack, pero quisiera pasar por mi jardín. Allí he pasado mis mejores horas.

El diablo no puso reparos y ambos salieron al jardín donde estaba el manzano.

-¿Por qué no llevamos unas manzanas para el viaje? -preguntó Jack.

-En verdad, son hermosas -dijo el diablo.

-Usted es más alto que yo. ¿Por qué no arranca algunas?

El diablo saltó entonces para arrancar una manzana.Pero quedó aferrado a ella, balanceándose en la rama;y por más que grito, chilló y pataleó todo fue inútil: no podía soltarse.

-Bájame de aquí -dijo el diablo.

-No. Allí puede quedarse hasta el día del Juicio.

-Que me bajes, te digo!

-No.

-Te daré el triple de riquezas -dijo el diablo. y veintiún años para disfrutarla si me sueltas.

-De acuerdo. Puede irse -dijo Jack.

El diablo huyó furioso lanzando juramentos y Jack disfrutó de su riqueza. A los veintiún años el diablo apareció nuevamente.

-Vamos -dijo. Me pagarás por lo que hicieste cuando lleguemos al infierno.

-Está bien -dijo Jack- lo que quiera. Pero ahora tengo que despedirme de mi esposa.

-Hazlo rápido.

Jack le dio un beso a su mujer, tomó la bolsa de la lana y emprendió la marcha.

El diablo y el caminaron un buen rato sin decir palabra.

-¿En qué piensas? -preguntó el diablo.

-En mi infancia -dijo Jack. En ese tiempo era listo y muy ágil, pero ahora estoy viejo. ¿Ves esta bolsa?

Yo solía entrar y salir de ella rapidamente.

El diablo se detuvo sorprendido y dijo:

-No hace falta ser joven ni muy listo para entrar y salir de una bolsa. ¿Quieres ver como yo lo hago?

El diablo se metió dentro la bolsa y no pudo salir. Jack cerró la bolsa rapidamente y dijo:

-Ahora que está dentro nunca podrá salir, y se echó la bolsa en el hombro sin escuchar las súplicas del diablo

Así cargado anduvo durante horas y le hizo todo tipo de cósas a la bolsa, tal como pasarle una máquina pisadora encima, golpearla, hasta traspasarla con un hierro candente y puntiagudo.

-Déjame sallir! -gritaba el diablo. Prometo no cruzarme nunca más en tu camino!! No quiero que vengas al infierno! Te daré cuatro veces las riquezas que tienes y cuatro veces más para que las disfrutes.

-¿Me das tu palabra? -dijo Jack.

-Te doy mi palabra -dijo el diablo.

Entonces Jack dejó salir al diablo, tuerto , quien se fue volando para siempre.

Jack al fin volvió a su casa libre. Lo tenía todo, pero el tiempo pasó y se hizo viejito y murió.

Llegado al otro mundo, se paró ante las puertas de San Pedro, pero una voz le dijo:" Acá no entrás.Vete con el otro. Fue él quien te mantuvo".

Jack se encongió de hombros y camino derecho hasta las puertas del infierno. Golpeó con sus nudillos y entonces preguntaron:

¿Quién es?

-Soy yo, Jack, el hojalatero de Limerick.

-¡No lo dejen entrar! -gritó una voz. ¡No lo dejen entrar! ¡Va a matarnos a todos!

Desde entonces Jack vaga por el mundo y así tendrá que hacer hasta el día del Juicio.Por las noches, cuando anda por los páramos y ciénagas, lleva una linterna con la cual se alumbra. Hay quienes se asustan al verlo.

FIN.

La fuerza no siempre es la que mas puede.

EL SOL Y EL HURACÁN

El sol y el huracán discutían con un árabe, quien de los dos era capaz de hacerle quitar el abehi (la túnica) tejida de pelos de cabras que el beduino usa para protegerse del sol. El sol le dio la primacía al huracán para que comience a presionar con fuertes ráfagas, con tormentas de arena, etc., pero el árabe se hizo fuerte con su abehi y resistió, fracasando el huracán en sus intentos.

Entonces dijo el sol: "Ahora me toca a mí", paró el viento y el sol comenzó a irradiar calor intenso, tan intenso que el beduino no tenía más salida que desprenderse de su abehi y así le ganó la apuesta al huracán. Moraleja: "No siempre la fuerza es la que logra los objetivos".

Cuento árabe.

LA NOCHE DEL TATU

LA NOCHE DEL TATU

(Mito Aymará de la selva peruana)

"Los indios tejieron tupidos techos de paja y bajo ellos colgaron sus hamacas. Pero no pudieron dormir.

El Padre Primero no había creado aún la noche. El sol alumbraba todo el tiempo. El brillo y el calor caían sobre las criaturas de la tierra sin descanso.

Cazar y pescar era la ocupación de los hombres. Cocinar y cuidar los niños, el trabajo de las mujeres.

Los indios se quejaban:

-Nunca podemos sentarnos a fumar junto al fuego, antes de dormir.

-¿Para qué nos sirven las hamacas? Sólo podemos echar una pequeña siesta.

Las mujeres reclamaban:

-Tenemos que cocinar sin descanso. Como no hay noche, los hombres y los niños tienen hambre a cada rato.

Un día, Niva, la mamá de Cochipil, descubrió que el ratón tenía una pequeña noche en su cueva.

-El ratón tiene noche y nosotros no -contó al pequeño Cochipil.

El niño sintió curiosidad y se tendió en el suelo a mirar la noche del ratón.

El animalito robaba algún pedazo de carne o se comía unas cucarachas y corría a esconderse en su cueva. Se ponía a dormir envuelto en su larga cola.

-¡Qué buena es la noche del ratón! -dijo Cochipil a su padre, el jefe Nahua.

-¿La noche del ratón? ¿Dónde la viste? -preguntó Nahua, sobresaltado.

-Allá, cerca del fogón, donde cocina mamá -contestó el niño.

-¡El ratón tiene noche y nosotros no!

-Mi mamá dijo lo mismo -observó el chiquillo.

-Ya que tú conoces dónde guarda el ratón su noche, ¿por qué no se la pides prestada?

-Lo intentaré -contestó Cochipil entusiasmado.

Cuando su madre le dio una de las numerosas comidas del día, guardó los pedacitos de carne más sabrosos. Mientras sus padres dormían una corta siesta en las hamacas, Cochipil se acercó a la cueva del ratón. Con gran cuidado puso delante de la entrada los trozos de carne. Y apenas el ratón asomó su hocico puntiagudo, el niño le dijo con suave voz:

-Si me prestas tu noche, te traeré más carne.

Al ratón le brillaron los negros ojillos y aceptó.

Luego de roer los trozos de carne, salió de sus ojos y de sus orejas un aire negro; subió al cielo y empezó a cubrir rápidamente la luz del sol. Y el sol, huyendo de la noche del ratón, bajó por el cielo y se escondió en el horizonte.

Y fue la primera noche.

Los indios vieron caer la dulzura de la oscuridad y se alegraron. Corrieron a sus cabañas a encender una buena fogata para sentarse a fumar y conversar. Luego se tendieron en las hamacas y sintieron que las sombras eran como otro párpado sobre sus ojos. Pero, ¡qué poco les duró el descanso! Casi de inmediato empezó a amanecer y el cielo no tardó en llenarse de una luz fuerte que les quitó las ganas de dormir.

-La noche del ratón es muy corta -exclamó Nahua.

-Hay que conseguir una noche que dure varias horas para dormir a gusto -contestó Ruma, uno de los cazadores.

En medio de la selva encontraron al tapir comiendo hojas tiernas.

-Te perdonamos la vida si nos prestas tu noche -dijeron los cazadores.

El tapir no quería morirse todavía y prestó a los indios su noche. De su cuerpo grande y gordo, de sus orejas y de su pequeña trompa, empezó a salir una noche espesa que cubrió rápidamente el cielo. El sol se puso casi de inmediato y fue la segunda noche.

Los indios corrieron felices a sus aldeas de paja. Por el camino, vieron las estrellas por primera vez y se llenaron de admiración.

-La noche es una gruta llena de ojos -dijo Ruma.

-Sí, de ojos de tigre -añadió Nahua.

Encendieron sus fogatas, fumaron y conversaron hasta que les dio sueño. Luego, todos, hombres, mujeres y niños se tendieron en las hamacas sintiendo la pesada noche del tapir sobre sus párpados.

Durmieron y durmieron durante horas y horas. Y soñaron mil sueños, desde el principio del mundo.

Después de mucho tiempo, amaneció lentamente. Cuando los indios despertaron, vieron que las malezas y matorrales del monte habían cubierto sus sembrados y destruido sus aldeas. Las enredaderas habían trepado hasta sus hamacas y techos.

-La noche del tapir es demasiado larga -dijo Nahua.

-Tendremos que hacer todo de nuevo, las siembras y las casas -se quejó Ruma.

Y Niva lloró:

-Mi cocina desapareció bajo la maleza; no encuentro mis vasijas de cuero y paja.

La noche del tapir fue un desastre. Sin embargo, los indios no perdían la esperanza de encontrar una noche convincente.

Después de limpiar su cocina y sus cacharros, Niva anunció:

-Cochipil, como niño, encontró una noche muy corta; los cazadores, como hombres, otra demasiado larga. Yo, mujer, buscaré la noche que conviene.

Y se fue por los montes hasta que encontró al Peludo (quirquincho) en su madriguera.

-Tatú, despierta -gritó Niva.

El Peludo, protegido por su armadura, por lo que también se le llama armadillo, ni se movió; Niva le hizo cosquillas entre los anillos de su coraza y Tatú asomó su afilada cabecita.

-¿Qué quieres mujer?

-Quiero que me prestes tu noche -rogó Niva.

El Tatú guardó silencio, pensando.

-Te daré las sobras de la comida -prometió la mujer.

Al oír lo de comida, el Tatú despertó por completo.

-Te presto una sola noche -ofreció.

La mujer aceptó feliz y regresó a su cabaña.

Del fondo de la madriguera del Peludo salió lentamente su noche.

El sol bajó por el cielo poco a poco. Los hombres tuvieron tiempo de terminar sus trabajos y las mujeres prepararon una buena comida antes de que oscureciera.

Y llegó la tercera noche.

En todas las aldeas encendieron fogatas y la gente conversó y fumó alegremente. Cuando brillaron todas las estrellas, se acostaron en sus hamacas. Y la dulzura de la noche les cerró sus ojos.

Amaneció a las pocas horas, luego de un buen sueño. Los indios estuvieron de acuerdo en que la noche del Tatú era la más conveniente.

Por eso, los hombres no quisieron devolvérsela nunca más.

Y esta es la razón por la cual el Tatú duerme durante el día y corretea sin descanso en la oscuridad, porque no tiene noche".

Recogido de Cuentos y leyendas americanas.

Haz lo que digo pero no lo que haga.

Relato extraido de Ciudad de Seva Que expone la tipica frase de haz lo que yo diga pero no lo que yo haga, es facil predicar, pero no tanto practicar.

El falso maestro

Anónimo hindú

Era un renombrado maestro; uno de esos maestros que corren tras la fama y gustan de acumular más y más discípulos. En una descomunal carpa, reunió a varios cientos de discípulos y seguidores. Se irguió sobre sí mismo, impostó la voz y dijo:

-Amados míos, escuchen la voz del que sabe.

Se hizo un gran silencio. Hubiera podido escucharse el vuelo precipitado de un mosquito.

-Nunca deben relacionarse con la mujer de otro; nunca. Tampoco deben jamás beber alcohol, ni alimentarse con carne.

Uno de los asistentes se atrevió a preguntar:

-El otro día, ¿no eras tú el que estabas abrazado a la esposa de Jai?

-Sí, yo era -repuso el maestro.

Entonces, otro oyente preguntó:

-¿No te vi a ti el otro anochecer bebiendo en la taberna?

-Ése era yo -contestó el maestro.

Un tercer hombre interrogó al maestro:

-¿No eras tú el que el otro día comías carne en el mercado?

-Efectivamente -afirmó el maestro. En ese momento todos los asistentes se sintieron indignados y comenzaron a protestar.

-Entonces, ¿por qué nos pides a nosotros que no hagamos lo que tú haces?

Y el falso maestro repuso:

-Porque yo enseño, pero no practico.

FIN

Hay que disfrutar del presente.

Esta es una historia que recoge Jorge Bucay, y que publica en su revista.
"Dicen que diogenes iba por las calles vestido con harapos y durmiendo el lo zaguanes. Cuentan que, una mañana, cuando estaba amodorrado todavia en un zaguán donde habia pasado toda la noche, pasó por ahi un acaudalado terrateniente.
- Buenos dias-dijo el caballero
- Buenos dias-contestó Diogenes
- He tenido una semana muy buena, así que he venido a darte esta bolsa de monedas.

Diogenes lo miró en silencio

- Tomalas no hay trampa. Son mias y te las doy a ti, que se que las necesitas más que yo.
-¿Tu tienes más?- le preguntó Diogenes
- Claro que si- contestó el rico-, muchas más.
-¿No te gustaria tener más de las que tienes?
-Si por supuesto que me gustaria.
-Entonces, guardate estas monedas porque tu las necesitas más que yo.

Algunos cuentan que el dialogo siguió así:
-Pero tu tambien tienes que comer y eso requiere dinero- insistió el caballero.
-Ya tengo una moneda y me bastara para un tazón de trigo para hoy por la mañana y quizás algunas naranjas.
- Estoy deacuerdo. Pero tambien tendrñas que comer mañana, y pasado mañana, y al dia siguiente... ¿de donde sacaras el dinero mañana?
-Si tu me aseguras, sin temor a equivocarte, que viviré hasta mañana. entonces quizás tome tus monedas"